• CÁNCER QUE CRECE




    Por Roberto Álvarez Heredia
    Hace 18 años, los indígenas de los municipios de San Luis Acatlán y Malinaltepec tomaron la seguridad en sus manos, cansados de los asaltantes, homicidas y violadores. Y uno de ellos se preguntó: ¿Y qué hacemos con los que agarremos? Pues se los entregamos al MP para que los castiguen, contestó el otro y así lo hicieron. Tomaron armas de bajo calibre que tenían en los roperos y machetes que usaban en las labores del campo, y se fueron imponiendo para mantener a raya a la delincuencia de aquellos tiempos.
    Los separos de la ministerial se fueron llenando y los pueblos se fueron tranquilizando. Zas! ¡Habían dado resultado los grupos de autodefensa armada! Los delitos se redujeron casi en un 90%. La paz volvía a las comunidades. Sin embargo, los judiciales empezaron hacer su agosto. Se coludían con los delincuentes detenidos y los fueron liberando, bajo la mirada decepcionada de los indígenas-policías, que dejaban sus parcelas para hacer lo que era obligación de la autoridad.


    Así, con el paso del tiempo, se fue gestando un cáncer que crece y multiplica. Un cáncer que está a punto de hacer metástasis y que se expande ahora en 12 municipios del estado. Los movimientos de autodefensa armada actúan bajo un nuevo enfoque: Ahora, a los sospechosos los detienen los grupos de autodefensa, pero no los entregan a la autoridad competente. Más de 40 personas están en manos de ciudadanos que los detienen. ¿Dónde se encuentran? ¿Cómo se encuentran? ¡Quién sabe!
    Lo que sí se sabe, es que el asunto está creando un verdadero dolor de cabeza al gobernador Ángel Aguirre Rivero y a su equipo de gobierno. No han sabido diagnosticar lo que sucede en realidad y sólo extienden recetas con despensas y promesas. Otros, oficiosos de costumbre, echan culpas y no proponen soluciones. Mientras tanto, el cáncer sigue expandiéndose: ahora grupos de ciudadanos de comunidades de Tlapa han colocado puestos de revisión en Chiepetepec. Y otros municipios, que observan, están valorando crear sus propios grupos de autodefensa armada.
    Dirían que la violencia y la delincuencia en Guerrero tienen dos orígenes. Por un lado, en la falta de oportunidades y por el otro, en la existencia de instituciones de justicia y seguridad sumamente débiles. Allí, se encuentra el origen y la razón por la que hermanos guerrerenses han tomado en sus manos la defensa legitima de sus vidas y bienes.                          


    @RAlvarezHeredia

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